¿Préstamo o póliza?

Este artículo pretende recordar los parámetros básicos cuando una empresa –o particular– necesita financiación para llevar adelante un proyecto y recurre al sistema tradicional de la deuda bancaria.

(Sólo recordar que dependiendo del proyecto, es posible financiación alternativa a la bancaria como subvenciones, préstamos subvencionados, préstamos participativos, Business Angels, capital riesgo, etc.)
Para decidir de forma correcta, deberemos ajustar la calidad y la cantidad de la deuda solicitada.

¿Qué entendemos por calidad de la misma? (Pues el concepto de la cantidad es evidente.)

La calidad de una deuda deberá tener en cuenta:
a. El periodo de amortización.
b. El coste directo.
c. El coste indirecto.
d. El coste inherente.
e. Condiciones derivadas.
f. Otros.
g. Ejemplos.

Intentaremos dar unos conceptos básicos que ayuden a la decisión:

a. El periodo de amortización es el tiempo en que vencerá esa deuda. Se debe ajustar al periodo de vida del proyecto, bien adquirido, etc. Deberá coincidir para no entrar en sobrecostes. Si un proyecto tiene incorporados diferentes bienes y servicios, individualizar al máximo: si amortizamos muy rápido tendremos tensiones de tesorería extras; si amortizamos lento en referencia a la vida del bien, no dispondremos de él y aún estaremos pagando la deuda pendiente.

b. El coste directo será el tipo de interés y las condiciones de pago (mensual, trimestral, con carencia de capital, de interés, etc.) (Carencia será el periodo en el que no se paga cuota de capital, de interés, o de ninguno de los dos.). Para poder comparar de forma efectiva, deberemos pedir documentación sobre el TAER: Tasa Anual Equivalente Real, en %. (El adjetivo “real” incorpora las comisiones de estudio, apertura, etc.).

c. El coste indirecto serán las comisiones, ya mencionadas, más las comisiones de amortización. Puede ser que hayamos sido prudentes en el cálculo de la vida de la deuda pero el proyecto vinculado genera más flujo de caja del esperado de manera que igual es interesante amortizar por adelantado todo o parte de la deuda pendiente.

d. El coste inherente nos indica qué método de cálculo hemos escogido para la deuda solicitada. Para un mismo tipo de interés, según el método utilizado, el coste se hace mayor o menor. Normalmente no se nos comenta pero hay 2 grandes métodos que utiliza la banca: Directo o Francés.

1. Directo. Se aplica el tipo de interés directamente al capital pendiente de retornar. Un ejemplo: las pólizas de crédito. Si el saldo vivo utilizado es de 50.000 € y el tipo aplicado es del 6,5 % anual, como las liquidaciones habituales son mensuales: 50.000 x (6,5 / 12 *100) = 270,83 € de intereses.
Si mantenemos ese saldo deudor durante 10 años, y en el último día devolvemos los 50.000 €, habremos pagado 270,83 x 12 x 10 = 32.500 € de intereses más los 50.000 € de capital. Total: 82.500 €.

2. Francés. Se aplica la siguiente fórmula potencial en el caso de solicitar cuotas constantes –lo más habitual para tener controlada la tesorería-: ani – (1 + i)n, de manera que para el mismo ejemplo anterior pero con formato de préstamo a 10 años, habremos pagado 18.519 € de intereses más los 50.000 € de capital. Total: 68.519 €. Mismo interés pero un 17 % menos de coste.

3 comentarios adicionales:

2.1. Cuotas constantes, pero por el hecho de ser el cálculo de una potencia, al principio la cuota es todo interés y acaba siendo todo capital, con decrecimiento no lineal.
2.2. Como la tesorería es más asequible por préstamo, el tipo habitual es algo inferior al de póliza (unos 100 ppbb), de manera que pagaríamos de facto menos de los 18.519 €. Más ahorro.
2.3. El impacto financiero y fiscal es diferente y también se debe valorar en cada caso.

e. Condiciones derivadas: puede ser que la entidad prestataria nos solicite domiciliar la nómina, contratar un seguro de vida, multihogar o de riesgo financiero, pignorar una cierta cantidad de dinero en un depósito a un rendimiento muy bajo, etc. Todas estas opciones las propone la entidad financiera para mejorar su beneficio económico y la tesorería inherente al contrato pero no estamos obligados a ello. Será objeto de negociación para el mayor beneficio para ambos.

f. Otros: podemos encontrar en el mercado productos como los descritos y/o sus combinaciones. Las denominaciones no pretenden ser genéricas, cada entidad puede variar en su nomenclatura pero es interesante entender cómo funciona el producto en cuestión.

g. Ejemplos:

i. Financiaremos los salarios de puesta en marcha de una empresa con póliza de crédito.
ii. Financiaremos un proyecto de I+D con un préstamo.
iii. Necesidades de tesorería recurrentes en una empresa y financiadas con póliza/s se deberá/n cambiar a préstamo por razones estructurales.

En definitiva, con un mayor conocimiento de los productos ofrecidos por las entidades financieras podremos gestionar mejor la cuenta de resultados de nuestra empresa y eso redunda en un beneficio mutuo de las partes.

Artículo publicado en la revista de la Fundación ASIMA

14 de diciembre de 2013 por Albert Vila | Temas: Emprendedores, Empresa, Finanzas

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