IPC: el tono de la economía

Tanto hablar del IPC (Índice de Precios de Consumo) que quizá no sabemos la definición de lo que es y lo que nos indica.

El IPC mide la evolución de los precios de bienes y servicios consumidos por los hogares. Es un índice de personas físicas, no jurídicas.

Se calcula constituyendo una cesta de bienes y servicios promedio que, supuestamente, consumen los hogares de una determinada zona geográfica por lo que tenemos que ver cómo de representativo es para nuestra manera de consumir.

Pero, más allá de estas lecturas más inmediatas y evidentes, el IPC también nos debe servir para ver el tono de la economía.

En el sistema de libre mercado, el precio de un bien o un servicio está donde se encuentra la línea de la oferta y la demanda (teoría estrictamente macroeconómica). Si tenemos la sensación de que este precio es creciente en el tiempo, de que mañana las cosas serán más caras que hoy, esto nos impulsa a comprar, a consumir, y aceleramos el tono económico.

Si es así, el IPC debería ser positivo, no exageradamente (así, el mismo Banco Central Europeo, BCE, tiene en su mandato estabilizar el IPC armonizado, HICP, de la zona euro en el 2,00%) pues si es muy alto entramos en una espiral inflacionista, inestable, de difícil gestión pues es muy complicado fijar precios en la producción si los bienes varían mucho y rápido.

Con el mismo razonamiento, cuando el IPC sea negativo o de tendencia decreciente, no motiva al consumo, mañana las cosas serán más baratas, ya esperará al consumidor a tomar la decisión de compra más adelante de manera que el consumo se desacelera, el tono económico baja.

Pero no siempre la lectura es tan sencilla. En el caso actual, de crisis económico-financiera de larga duración también puede estar el IPC influido por decisiones de carácter fiscal y especulativo.

De modo que aconsejamos lo siguiente para que ayude a ver la salud de la economía de la zona geográfica donde vivimos:

  1. Trabajar con datos de IPC subyacente que se corresponde a los datos del IPC sin alimentos frescos ni energía debido a su alta volatilidad, variabilidad: de este modo veremos la tendencia del IPC a medio-largo plazo. (Entre 50 y 70 puntos básicos menos sería normal en los países desarrollados.)
  2. En el IPC subyacente quitarle el efecto fiscal debido a las subidas de impuestos. Es una práctica empleada en ocasiones pues una subida del IVA puede suponer un incremento del IPC de 100 puntos básicos (1%). (Además de los otros impuestos, tasas, etc.)

Así podemos recibir datos de IPC de 2,6%, por ejemplo, que pueden corresponder a un IPC subyacente de un 2,0% y un IPC subyacente neto (sin efecto fiscal) del 1%. La lectura de un IPC del 2,6 o un IPC del 1% nos apunta a un estado de salud de nuestra economía muy diferente: del primer valor al segundo pasamos a tener una economía en crecimiento y con generación neta de puestos de trabajo a una economía anémica, con poco tono y con perspectiva de estancamiento. ¡Atención a las previsiones de ventas y planes de inversión!

9 de febrero de 2013 por Albert Vila | Temas: Banca, Finanzas, Macroeconomía

Enviar comentario

Los campos obligatorios están marcados *